En un país no muy lejano, en primer lugar, se creó el sexo. Más tarde, se crearon las formas de conseguirlo; eran todas muy variopintas.En el principio de la vida; la mujer aceptó el rol de ser la romántica, la que iba a dejarse llevar, la dejaría invitar al deseo, y luego mucho más tarde el hombre cayó en la cuenta de que, sin saberlo, podía ahorrarse ese fastidioso proceso y por consiguiente, fingirlo con mucha rápidez para llegar a su objetivo. Fue entonces cuando se crearon dos cosas: la mentira y la promiscuidad. Por aquel tiempo, también se descubrió la conjunción de planetas,de frases y las matemáticas, vease en el diccionario: Promiscuidad más mentira igual a infidelidad.
Tras mucho mucho tiempo, en ese país lejano, las princesas dejaron de ser románticas; los planetas se dejaron de conjugar al igual que las frases y formulas que adoptaron muchisimas variables.
A algunos principes le gustaban otros principes; las princesas ya no eran princesas ni esperaban principes azules porque ahora se sentían directamente reinas sobre su único reino; El romanticismo para algunos era un trámite, para otros significaba la esperanza; Y la definición de relación parecía más un juego de azar que algo concreto. Estaban los que les tocaba un pequeño premio, los que pocas veces tenían suerte y los que casi siempre les tocaba el premio gordo.
Maria tenía un administración de Lotería, sabía muuucho sobre el azar.
Se casó a la tierna edad de veinte añitos con su primer marido a pesar de la oposición de su padre.
La boda, hubiese trascurrido con total normalidad si no fuese porque el padre de María, estaba tan borracho que le dió por sacar la vieja escopeta y pegar tiros al alza en pleno combite cuando todos los invitados gritaban al unisono: ¡Que se besen! ¡Que se besen!.
A pesar de la boda un tanto desastrosa, el matrimonio le fue bién hasta que María tuvo la gran idea de terminar la carrera de derecho y no quedarse en casa mientras el trabajaba. A el no le gustó mucho la idea de que ser albañil y que su mujer terminase siendo licenciada así que ante el peligro dio un simulacro de dejadez en el matrimonio y simuló un matrimonio desastre que acabó en divorcio.
El segundo matrimonio de María fue con un chico muy majo y muy guapo que se llamaba Jordi. María ya había terminado la carrera y comenzó opositar para abrir la administración de lotería cuando le vino la brillante idea de querer tener hijos, algo que tampoco gustó a su segundo marido porque el siempre decía – Che Marí, que hay que vivir la vida y yo no quiero estar atao ahora.Claro que el no quería tener hijos, recien había montado un pub y un hijo supondría mucho tiempo del cual no iba ni quería disponer. También tenía toda una vida planeada de viajes, juergas compatibles con su matrimonio (o eso pensaba) y tentaciones a ser infiel no tan compatibles con su matrimonio.En efecto, el chico muy majo y muy guapo pero no preparado para el matrimonio ni mucho menos para un hijo. Y con el efecto el contraefecto: segundo divorcio consecutivo de María que acabó con un matrimonio que apenas duró tres años.
De la confianza a la desconfianza, entre la pérdida de la fe no en los hombres, ni siquiera en las mujeres, sino en el amor, Maria opto por el sexo sin compromiso, por dejar de intentar ser una princesa y convertirse en toda una reina. Y entre toda esa conjunción de planetas, de frases hechas, matrimonios desechos, infidelidades no descritas, posibilidades escritas y algún que otro favor biológico de un guapo desconocido, nació Marisa.


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